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sábado, 17 de junio de 2017

ROMA, LA CIUDAD ETERNA ( y VI)

El antiguo Panteón del emperador Agripa -hoy reconvertido en iglesia-
presenta un aspecto impresionante cuando cae el manto nocturno.
     Roma, como sabe todo el que la haya visitado, es un mosaico de contrastes, pero hay dos elementos que yo considero destacables: sus cientos de iglesias y basílicas (y algunas catedrales) y sus trattorias y restaurantes-pizzerías. Es lo que encontrarás casi en cada calle, avenida o plaza, por recónditas que sean. Quienes vivimos en un país católico estamos acostumbrados a ver iglesias, parroquias, basílicas, concatedrales y catedrales en nuestros pueblos o ciudades. No sería posible imaginar un rincón de España, por muy pequeño que sea, que no cuente con un edificio católico, aunque sea modesto, decrépito o abandonado. Y aún así, a pesar de esa costumbre ancestral, no dejaremos de sorprendernos de la ingente cantidad de edificios religiosos en la ciudad de Roma, que ningún lugar del mundo cristiano supera. He leído diversos datos sobre el número de iglesias de todo tipo en Roma -antiguas y de nueva construcción-, tanto en la ciudad como en su amplia área que llega hasta la costa mediterránea y se cuentan por cientos (casi un millar, según algunos). En la propia capital, en concreto en su centro histórico, casi cada calle cuenta con una iglesia o basílica, y en cada una de ellas el viajero podrá descubrir tesoros fastuosos. Se necesitaría una estancia expresa en Roma, un turismo expreso, para descubrir cada una de estas iglesias y sus escondidos tesoros que guardan, tanto pinturas como esculturas o tumbas de personajes célebres e importantes de la historia de la ciudad. Nos sorprenderemos, lógicamente, de la basílica de S. Pedro -ésta en el Vaticano, claro está-, por su enormidad, pero quizá podamos hacerlo mucho más en S. Juan de Letrán o S. Pietro In Vincoli, por poner tan dos, de los muchos ejemplos que se podrían usar. Pero el éxtasis del viajero, si es dado a este tipo de monumentos religiosos, podrá llegar cuando descubre en cualquier calle perdida una bella iglesia, ni grande ni pequeña, repleta de distintos estilos arquitectónicos, esculturas y pinturas de enorme nivel. Incluso, hasta el magno Panteón de Agripa es en sí una iglesia, circunstancia que ha permitido poder presenciar en la actualidad uno de los más grandes edificios civiles de la época romana, perfectamente conservado, gracias a su consagración como iglesia hace unos cuantos siglos. Especial trascendencia tuvo para este viajero la primera iglesia consagrada al culto cristiano, la Iglesia de Santa María del Trastevere, ubicada en el corazón de este barrio y que estaba a unas cuantas docenas de metros de la residencia de este viajero, en el corazón de este popular y original barrio romano. Así como sorprendente es descubrir en una iglesia no demasiado lujosa, justo al lado de la Universidad de La Sapienza, como es S. Pietro In Vincoli el famoso Moisés de Miguel Ángel o las cadenas que la tradición cuenta amarraban al mismísimo apóstol Pedro, asuntos éstos de objetos y fetiches que siempre me he creído menos. Como igual de sorprendente es comprender la importancia para los católicos de S. Giovanni in Laterano ( S. Juan de Letrán), tal vez, una de las basílicas más mediáticas de Roma, por haber sido la sede papal, anterior a que lo fuera el Vaticano y donde cada Jueves Santo el Papa ofrece su homilía. Por tanto, son las iglesias de Roma el lugar común del católico, el lugar de peregrinación obligatoria para los creyentes de la figura de Jesús de Nazareth.
En la tradicional trattoria Baffeto el estilo artesanal está a la vista del
comensal. 
 
     En dura pugna con las iglesias se encuentran las trattorias y restaurantes pizzerías. La trattoria es un emblema de Roma. Lugares que pasan por ser restaurantes pequeños y familiares, heredados de generación en generación, si bien es a veces más un reclamo que una realidad. Aún así, existen las verdaderas trattorias. Dos en particular me parecieron muy interesantes de las muchas otras interesantes que, obviamente, este viajero no visitó: Carlo Menta in Trastevere y Baffeto en pleno centro histórico, entre Plaza Navona y El Panteón (ver foto). En esta trattoria sí es patente ese relevo generacional y ese hacer antiguo y artesano, un lugar vinculado a la Roma gastronómica por excelencia, a pesar de su austeridad y reducido tamaño. Un lugar en el que la pizza romana pura (pasta fina y crujiente) será servida en pocos minutos, si cuentas con la paciencia necesaria de hacer algo de cola (es la ventaja/desventaja de aparecen todas las guías que se precien), acompañada de una buena cerveza Peroni de más de medio litro. y una ensalada Caprese, la más característica de Roma, a base de tomate partido en gruesas rodajas, albahaca y mozzarella.

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