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lunes, 19 de junio de 2017

EDITA QUE ALGO QUEDA. ¿O NO?

Resultado de imagen de la edicion de libros   Hace unos días leía un artículo muy brillante sobre el cambio que se ha dado en la sociedad en cuanto a la edición de libros. Venía a decir el autor -escritor indie- que la irrupción de las nuevas formas de editar ha hecho que la antigua, la tradicional, se haya resentido; venía a decir también que muchos de los autores llamados consagrados habían perdido espacio por la irrupción de autores desconocidos que editan de acuerdo con las nuevas modas y que muchos ya los superaban en ventas. Y que eso molestaba a estos consagrados, que ahora se quejan de tener que firmar en las ferias del libro al lado de gente desconocida (youtuber, escritores para adolescentes, modelos, presentadores, deportistas, autoeditados) y que ni tan siquiera son "escritores" (como ellos), olvidando que ellos llegaron al primer plano desbancando a los anteriores que ocupaban ese lugar sagrado de las letras y que, entonces, no se quejaron. Sostenía también el autor que muchos de esos consagrados no son demasiado buenos, pero que estan apoyados por grandes editoriales, las cuales copan los medios, la distribución y las librerías. Venden mucho gracias a ello. Era un artículo mucho más largo que lo que expongo -que es un resumen-, pero me pareció muy certero en algunas cuestiones.
   Al poco leía una especie de decálogo de una editorial de autoedición que en un ejercicio de honestidad advertía al autor que se autoeditaba que no esperara estar en las librerías como esos autores consagrados, ni que su libro llegara al gran público y que sin eso su obra no iba a ir más allá, a no ser que te conviertas en una especie de SEO o especialista en marketing digital y tu lista de contactos esté repleta. Se trataban de posturas contrarias o casi. De por medio, están las pequeñas editoriales que editan de manera tradicional, pero muchas de ellas basándose en la demanda, que es casi como editar a la manera de autoedición, porque tu libro no está ni en los escaparates ni accede a los grandes medios ni grandes distribuidoras. Lo que sí está claro es que es muy difícil llegar a los grandes sellos si no eres conocido o no has salido en Master Chef o Supervivientes (me lo estoy planteando), o bien, si no dispones de un agente con influencia, al que tampoco llegarás si no eres conocido. Pero hay casos de gente desconocida que sí ha llegado a esos grandes sellos o esos agentes influyentes, bien porque su obra sea de una calidad extraordinaria o aborde una temática muy atractiva y en boga, pero son casos muy aislados.     
     De estas tres posturas, que son en puridad las que existen en la actualidad, con sus más o menos variantes, adopto una posición ecléctica, quedándome con algo de cada. Es cierto que hay casos muy célebres y sonados de escritores indie que venden libros como churros, pero ocurre más en la opción digital que en la de papel, donde el autor autoeditado no llegará a vender muchos ejemplares, toda vez que su libro no será conocido más allá de su círculo al no estar por un gran sello ni tener visión en las librerías físicas ni las grandes distribuidoras, así como no aparecer en los medios con influencia en el mundo del libro. Ha habido algunos casos de autoeditados que al vender mucho en la red, acaban por ser captados por las grandes editoriales, que no buscan calidad, sino que sean muy vendidos, que es ese su negocio, aunque suele ser gente con calidad contrastada. Por tanto, puede haber escritores autoeditados con muy buena calidad que no vendan nada, pero también autores consagrados de calidad media o baja, que vendan como churros, sin que debamos olvidar que grandes autores de la literatura clásica como Lorca, Poe, Virginia Woolf y otros muchos más, comenzaron a autoeditarse, pero se trataba de una época distinta en la que no se veía con tan malos ojos hacerlo, no existía la era digital y los procesos de edición eran muy costosos.  Así está el mercado editorial. Porque un libro para que se venda, tiene que contar con dos requisitos básicos: que esté presente físicamente en todas las librerías, que sea visible, por tanto, que sea bien distribuido y que aparezca en algún medio importante, mediante reseña o publicidad; y que sea escrito por alguien conocido, si bien, en mi opinión, no es lo más importante, aunque sí ayuda. De lo contrario pasa desapercibido, con independencia de su calidad. De nada vale que esté en lugares como Casa del Libro o El Corte Inglés, para ser comprado bajo demanda, toda vez que la red es una selva y también será invisible si no cumple con los dos requisitos arriba anotados. Otra opción y también refugio de éstos es Amazon, el gran vendedor de libros digitales del mundo -y cada vez más también en papel-, lugar en el que muchos autores indies venden como churros, gracias a su buena labor de marketing, a los comentarios y a que el libro está a un precio pírrico, mucho más económico que la versión digital de cualquier libro de cualquier autor consagrado. 
     La ventaja de ser escritor indie -modalidad muy de moda en el mundo anglosajón, pero no tanto en España- es que el autor es dueño de todo el proceso y sus royalties son altos, a pesar del bajo precio del libro digital. Otra ventaja es no depender de una editorial, grande o pequeña, porque eso supone no ser en absoluto dueño del proceso y los royalties son paupérrimos. Conozco de casos, además, en los que la editorial ofrece al autor un adelanto, a cuenta de los derechos de autor, y con ese mínima cantidad has de presentar el libro en un pueblo del Bierzo si se diera la ocasión, corriendo tú con los gastos. Es muy importante pensarlo bien antes de firmar, desde luego. No obstante, la ventaja es que publicar de manera tradicional es lo que da prestigio y respeto a tu obra por perro que sea o lo mal que te traten. 
     La tercera opción, es la de las editoriales pequeñas que editan a la manera tradicional. Pero hay mucha diferencia entre la que lo hace bajo demanda y la que lo hace con tiradas pequeña, pero con un buen número de libros y una buena distribución. Las primeras no distribuyen, sino que están en catálogos de librerías, que es como no estar; las segundas si distribuyen, si bien no tendrán la presencia de los grandes sellos. En el primer caso, sencillamente, apenas hay libros y si los hubiera no está visible, por lo que debe ser al autor el que se mueva (como si fuera indie), ya que este tipo de editoriales no disponen de apenas medios ni pueden penetrar en las grandes distribuidoras, dado el alto porcentaje que se llevan, ni por supuesto acceder a los grandes medios. En el segundo viene a ser parecido, no obstante sí suelen ser bien distribuidos y, en todo caso, acceden más a medios locales que otra cosa. Todo dependerá de la calidad del autor y de cómo sea recibida su obra. En ocasiones, publicar en estas editoriales pequeñas es un trampolín para las grandes y en otras, el sello en sí mismo, por pequeño que sea, cuenta con un gran prestigio, aún a sabiendas que sus autores no van a ser mayoritariamente vendidos ni habrá múltiples ediciones. 
     Lo que si saco en conclusión que cualquier método puede ser idóneo si el libro es bueno. Otra cosa es -y eso si es un drama- es que siéndolo no sea visible; o bien, que siendo muy visible -y por tanto, se venda mucho-, no sea bueno.      
     En otra entrada comentaré cómo tratan los medios a los grandes y a los pequeños autores.                

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