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viernes, 9 de junio de 2017

COMIDA ANIMAL VERSUS COMIDA VEGETARIANA-VEGANA

Resultado de imagen de comida animal, comida vegetarianaResultado de imagen de comida animal, comida vegetariana     Cuando en mayo de 2015 decidí no comer más animales muertos -que es en definitiva lo que supone ser vegetariano o vegano- me hice la siguiente pregunta: ¿cuántas de las personas que deciden dar ese paso lo hacen por ética animal y cuántas por motivos de salud u otras? No he accedido a estadísticas que lo aseveren, si es que las hay, aunque sí lo tuve claro en mi caso: mi opción era la primera, aprovechándome también la segunda, porque conocía que no todo alimento animal es bueno para la salud. Y cuando dí ese paso, sabía que no bastaría con él sino que tendría que dar otros muchos más difíciles que la mera decisión, que en definitiva no es nada sino viene apoyada por una acción coherente con la decisión misma. 
     Porque somos resultado de una cultura. Vivimos imbuidos en ella, hasta el punto que es muy difícil discernir qué es lo correcto de lo que no lo es. Comer carne en nuestra sociedad occidental está casi en nuestros genes (no tanto en otras) y ese ha sido el factor principal que generación tras generación pocos se cuestionen si es legítimo alimentarse de animales que son sacrificados -brutalmente, en muchos casos-, para ese fin. La sociedad, la industria, el gobierno o nosotros mismos, siempre han sabido "ocultar" todo ese sufrimiento y centrar el objetivo tan solo en ese plato condimentado de carne. De hecho, a mucha gente que come carne de manera habitual le produce rechazo ver un animal muerto colgado en un matadero o una carnicería y aún así lo come  con fruición cuando sale del horno sin dudarlo.
     Yo era una de esas personas. Una de los que creía pensar -más que pensaba- que era horrible que mataran animales para que yo me los coma, pero que no era otra cosa que un mal necesario para poder alimentarme, dando por sentado que no podría hacerlo sino era así. Es el primer error y la primera puerta que se cierra cuando decidimos salir de esa dinámica. Pero hay salida, si bien no todo el mundo la interpreta de igual forma. Todo dependerá de qué signifiquen para nosotros los animales; de qué nivel de sensibilidad tengamos. Como en todo, hay personas que cuentan con un nivel de sensibilidad muy alto y otras que tienen ese nivel por los suelos. A estos últimos les será muy difícil 'abrir los ojos' y, por lo general, tampoco serán críticos con las corridas de toros, la caza o los festejos en los que se maltratan a animales de todo tipo. No obstante, es posible que los veas cuidando a su perro como si se tratara de uno de los miembros más importantes de su familia. Sin embargo, los que están en el grupo de "altamente sensibles" acabarán, tarde o temprano, por adoptar una alimentación lo menos dañina posible contra los animales y muchos de ellos acabarán haciéndose vegetarianos o veganos. Puedo afirmar casi con total seguridad que me hallo en ese grupo, a pesar de que mi cultura y educación desde niño -como nos ocurre a la mayoría- no me haya ofrecido oportunidades apenas discernir.
     No obstante, la gran batalla -por llamarle de alguna manera- está en esas personas sensibles 'a secas' con los animales. Esas personas que gustan de todos, más allá de su mascota. Es quizá en ellos en los que radique una esperanza futura para que acaben por apartar de su dieta animales. Viven en un difícil equilibrio y les falta ese empujón, que hoy día vienen dando Internet y las Redes Sociales, con información a raudales sobre ese maltrato y la alternativa de la comida vegetariana. Pero por encima de todo esto, está la educación, esos mataderos de cristal que deberían de existir en palabras del Nobel de Literatura Coetze que permita conocer a las personas cómo sacrifican a los animales que luego irán troceados a su mesa. Estoy convencido de que si existieran, tres cuartas partes de la humanidad abrazaría en serio la posibilidad de apartar animales muertos de su plato. Y lo que considero definitivo es que exista esa opción en los primeros ciclos educativos, desde la más tierna infancia, pero mucho me temo que los gobiernos, la potente industria cárnica y la sociedad misma no lo van a permitir jamás porque hay otros intereses en juego.    

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CINE: `42' (USA, 2013)

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