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lunes, 28 de noviembre de 2016

LA DEMOCRACIA TAMBIÉN ERA ESTO (IDEAL, 28/11/2016)

LA DEMOCRACIA TAMBIÉN ERA ESTO

                                                                       Por José Antonio Flores Vera

Para mucha gente, tres duros golpes han sido infligidos a la democracia en un poco margen de tiempo: la nueva victoria del PP en España, en su momento más álgido de causas judiciales abiertas relacionadas con la corrupción, el Brexit británico, en uno de los peores momentos de la Unión Europea, por mor de la lastrante crisis, la inmigración y los problemas de cohesión, y la victoria del ultraliberal Trump en Estados Unidos, en una época convulsa en el mundo en cuanto a relaciones geopolíticas. Duros golpes avalados por muchos millones de votos, a los que habría que sumar los obtenidos por los representantes más radicales de países democráticos de medio mundo, pero principalmente europeos. Se supone que la democracia también era esto.
            Y es por eso por lo que conviene hacerse las preguntas adecuadas. Sobre todo, para intentar comprender cómo millones de votos de países con democracias consolidadas avalan lo que parece denostado por otros tantos millones de ciudadanos, incluidos los que habitan en estos países, y medios de comunicación generalistas de medio mundo.
            La democracia es un salto al vacío, en ocasiones sin paracaídas. Porque de eso se trata, de que no haya andamiajes ni estructuras que impidan esa libertad de voto, para cumplir la máxima que siempre ha ido unida a este sistema político de un hombre, un voto, por muy contrario que pudiera parecer a los intereses generales esa decisión elegida libremente en las urnas. De lo contrario, pudiera convertirse en un sistema amañado, en el cual solo es posible que el voto válido sea el impuesto por una mayoría políticamente correcta, que en ocasiones es más acartonada de lo que estamos dispuestos a creer, si no manipulada o tergiversada.
            En democracia hay que admitir los resultados que provienen de las urnas, siempre y cuando el sistema electoral se compruebe limpio y acorde con la ley. De lo contrario, se violenta el principio más sagrado de este sistema político, que parece ser es al que aspiramos la mayoría de los ciudadanos del mundo. Otra cosa es despotricar sobre la deriva del mundo, la falta de valores, de cultura, de compromiso…Son otras cuestiones distintas que necesitarían una valoración diferente.
            Quizá, lo más honesto y sensato sería preguntarse por qué medio mundo vota de manera tan sorpresiva para el otro medio. Por qué una mayoría de españoles decide que siga gobernando un partido inmerso en casos de corrupción tan graves, o un gran número de británicos aboga por alejarse de la Unión Europea, o millones de estadounidenses eligen dar la espalda a políticas de más calado socialdemócrata y optan por políticas ultraliberales. Porque no siempre la respuesta está en el análisis demoscópico de la intención de voto, sino que también hay que buscarla en los motivos que han provocado dar la espalda a otras opciones políticas, en teoría, más comúnmente aceptadas o, tal vez, no tan denostadas. Es importante en este aspecto que las opciones perdedoras comiencen a hacerse planteamientos serios sobre sus fracasos políticos y electorales, incluso antes de despotricar sobre esos millones de votos alejados de sus intereses. Preguntarse por qué sus opciones políticas son menos atractivas que las que ofrecen otros actores políticos con aparentes intereses contrapuestos a la mayoría. 

            Porque, insisto, la democracia también era esto.      

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