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sábado, 23 de mayo de 2015

CINE: DISCONNECT (USA, 2012)

A pesar de que es una película de hace tres años, hasta ayer no había tenido ocasión de verla. Había visto una parecida de 2014, 'Hombres, mujeres y niños', que gloso en la entrada anterior, pero como bien afirmaba Antonio Pardo Larrosa, es mucho peor película que 'Disconnect', si bien ambas abordan similar temática. 
Se trata de una película muy seria y coherente, que no riñe con el entretenimiento. Hay historias paralelas, cuya elemento común es la parte más nociva de las redes sociales e Internet. 
Que el cine actual se adentre en la problemática social que genera el mal uso de Internet y de las redes sociales no es más que una consecuencia de lo que está ocurriendo en la realidad.
Los seres humanos no conocemos el límite como todos sabemos. Apostamos de manera permanente al todo o al nada. Así lo hacíamos antes de la irrupción de Internet y así lo hacemos ahora con la particularidad nefasta de concebir lo que sale de la pantalla de un ordenador como sustitutivo de la vida. 
Pero, como sabemos, la vida siempre se impone, aunque tan sólo sea para agravar el conflicto o, tal vez, para solucionarlo, nunca se sabe, ya que la vida no tiene ataduras. La impostura de Internet, esa especie de avatares que todos nos creamos en alguna cuenta de cualquier red social, en más ocasiones de las debidas se imponen a la realidad física. Y si ésta ya de por sí es compleja, matizada por lo virtual, por lo inexistente, se convierte en algo peligroso.
Internet no puede ser otra cosa que un complemento de lo que ya existe. Una amistad de Facebook, no puede ser otra cosa que una conexión que sería preciso existiera previamente en la vida real, o al menos que no exista farseamiento en la identidad; de esa manera, la impostura no tendría lugar de ser. Porque lo nocivo, lo falso, lo sesgado, lo maniqueo es crear una realidad virtual superior o distinta a la que realmente ha de contar.  Por supuesto que no hay que rechazar el avance que han supuesto las redes sociales, pero se ha de contar con que se trata de una herramienta nociva si no se utiliza bien, sobre todo para la gente más vulnerable, menos  culta o más joven.
En cuanto a la película en sí, hay que decir que uno se alegra de encontrar productos tan interesantes en este proceloso mundo del cine, que no siempre nos ofrece gran cosa -a día de hoy nos ofrecen mucho más las series, por lo general-. Además, uno se cansa de encontrar películas poco creíbles, que intentan transmitir algo imposible de digerir. Todo eso me apartó del cine un tiempo y opté por ver tan sólo frikadas con las que reírme, tipo Resacon, porque sabía de antemano que todo lo que viera ahí no iba a ser otra cosa que un producto pensado para el entretenimiento. Porque no podía aguantar ese especie de mesianismo de algunas películas, ese cine con pretendido mensaje poco creíble. De ahí, que haya descubierto en esta película una forma muy serie, creíble y sensata de hacer cine.
En ese aspecto ayudan sobremanera las interpretaciones, a cargo de actores y actrices consagrados, como son el caso de Jason Bateman -muy dotado para la comedia y para el drama-, Frank Grillo o Hope Davis. Del director no conocía nada porque no ha dirigido apenas nada, pero lo seguiré a partir de ahora.           

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