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lunes, 15 de septiembre de 2014

EL TEATRO ROMANO DE CARTAGENA

Foto de J.A. Flores

















Si hubiera que destacar algo extraordinario en los últimos lustros en materia de arqueología, ese algo sería el caso del Teatro Romano de Cartagena. 
La ciudad portuaria vivió hasta 1988 sin nociones concretas de la existencia del teatro, a pesar de que estudiosos de la historia de Roma y la arqueología antigua barruntaban la posibilidad que existiera al ser Carthago Nova una de las ciudades más importantes de la España romana en el periodo anterior y posterior a la supuesta irrupción en el mundo de Jesucristo. Existía mucha lógica para pensar de esa forma, básicamente porque esta ciudad de antecedentes íberos fue la elegida por las huestes de la civilización púnica para implantar en la antigua Hispania la capital de su imperio ubicado inicialmente en el norte de África -actual Túnez-, el cual fue destruido por el más avanzado y poderoso ejército romano dirigido por Escipión, llamado el Africano, dando lugar a lo que se conoció como las Segundas Guerras Púnicas. Pero, en fin, esa es otra historia, si bien no ajena a lo que ocurrió con este majestuoso Teatro Romano de Cartagena. 
Decía, que la ciudad vivió hasta 1988 sin nociones de su existencia. Ese mismo año, unas prospecciones arqueológicas en el solar de la Casa-Palacio de la Condesa Peralta pusieron sobre la pista a los arqueólogos, gracias a la existencia de estructuras arqueológicas divididas en capas que sugerían mucha importancia. Dos años más tarde, se encontraron los primeros restos del Teatro Romano, el cual pudimos recorrer hace unos días.
La gran pregunta que se hicieron los expertos y que nos hacemos todos es cómo un elemento arqueológico tan enorme -tenía capacidad para 7000 espectadores- y en lugar tan céntrico y alto del centro de la ciudad ha podido estar escondido durante tantos siglos. La razón, una vez explicada y leída, es más fácil de comprender. 
Foto de J.A. Flores
Construido a finales del Siglo I a. C., fue abandonado a medida que las sucesivas civilizaciones fueron apoderándose de la antigua ciudad de Cartagena. Ni bizantinos, ni visigodos, ni árabes, ni cristianos hicieron gran cosa para mantenerlo a vista de todos, más bien al contrario. Bizancio construyó en su solar un mercado y los árabes un barrio. Y una vez expulsados éstos y tomado el control por los cristianos, el Teatro Romano sirvió de solar parcial para la construcción de la conocida como Catedral Vieja. Bajo sus muros y bajo las humildes casas de un barrio de casas pequeñas y modestas estuvo durante siglos sumergido esta gran obra arquitectónica y así ha sido hasta hace poco. ¿Curioso, no?
Por suerte, a día de hoy se ha podido recuperar y restaurar casi por completo, aprovechándose asimismo el Palacio Pascual de Riquelme y un corredor arqueológico bajo la Iglesia de Santa María -la Catedral Vieja- para unir el Museo del Teatro Romano, diseñado por Rafael Moneo, y el Teatro en sí. 
Todo un descubrimiento que no pudimos disfrutar en nuestra primera visita en 2007 a esta magnífica ciudad portuaria de la Comunidad murciana. Por aquel entonces, el Teatro estaba en pleno proceso de restauración y el Museo aún no estaba construido y por eso mismo la ciudad era muy distinta a la que hemos descubierto. Tendrán que decirlo sus moradores, pero la ciudad ha evolucionado gracias, entre otros aspectos, a la apertura del Teatro Romano, al que acompañan maravilllas arqueológicas romanas y púnicas, como son, entre otras, el fastuoso barrio del foro romano molinete y el resto de la muralla púnica, respectivamente. 

Curiosamente, tenía muchas ganas de visitar este Teatro Romano desde que vi hace un par de años la película de Alex de la Iglesia -una de las peores que el buen director vasco ha dirigido-, 'La chispa de la vida'. Y es que ésta se filmó durante la construcción del Museo del Teatro y la restauración del Teatro Romano, debiendo de hacerlo de noche y de madrugada para no entorpecer las obras. 
¿Recordáis al humorista José Mota unido a una tabla por la cabeza por medio de un clavo, sin poderse mover, robando todo el protagonismo de la inauguración al encolerizado alcalde, protagonizado por el desaparecido Juan Luis Galiardo?       

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