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martes, 17 de junio de 2014

PANORAMA PATRIO

   Sinceramente os lo digo: yo a estas alturas ya no sé qué tipo de cosa es España. Yo no sé ni lo que sienten ni lo que piensan vascones -astures ya no- y catalanes ante la renovada etapa monárquica. A lo mejor piensan que si los Borbones entraron en la gran España con Felipe V, igual se quieren ir para siempre cuando se acabe -dios o los cielos lo quieran- el reinado del futuro Felipe VI, pero es que a estas alturas -los vascones y catalanes, digo- no han dicho ni mú. Es más los que cuentan -CIU y PNV- en el Congreso se han abstenido en la votación de la ley orgánica de la abdicación. Es decir, algo así como decir que ni me va ni me viene. Pero yo creo que les va más que le viene. 
   Por su parte está el PSOE, ese partido que ya nadie sabe a qué se dedica. Se declaran en las tabernas como republicanos pero luego se hacen una piña en el Congreso y se alían con PP y UP y D -qué desilusión la de este partido, oye- y crean un muro de contención en torno a la corona. Pero, bueno, ya se sabe, qué se puede esperar con los chaves, los rubalcabas y toda esa mugre política que no se hace otra cosa que mirar el calendario y echar sus cuentas para la jubilación. 
   Por su parte los del PP -quizá los mas coherentes- ahí con ahínco numantino alzando la bandera del nacionalespañolismo, si bien, en puridad, no otra cosa se les puede pedir ni reprochar. Alguien tiene que asumir la herencia.   
   Pero es eso en lo que consiste o ha consistido España. No ha sido otra cosa desde la transición o desde antes. Una interminable lista de politicastros interesados tan sólo en su bolsillo, su futuro personal y el de su familia, que no el del país ni tonterías por el estilo. Y no les ha salido mal el engaño de lo que llamaron transición y democracia con mayúsculas, tanto que están dispuesto a repetir las veces que haga falta, seguir apoyando a la monarquía porque nos ha ido de maravilla con ella, para qué cambiar, para qué cambiarlos, si con sus ganancias también ganamos nosotros. Que basta con seguir asustando a la gente con lo de la República y la guerra o la crisis. Nosotros a lo nuestro. Que siga el heredero o quien haga falta y que nos dé tanta prosperidad como nos dio el padre, se dicen unos a otros. Que los Borbones siempre se prestan, desde aquel Felipe de Anjou franchute.
    Otra cuestión bien distinta son los tiempos venideros, ese horizonte que se barrunta desde las elecciones europeas. Ese Podemos, ese Vox, ese Ciudadanos, en fin todo ese grupúsculo de gente de la calle, que todos unidos podrían cambiar las moquetas de los altos edificios del poder hispano. Está por ver. 
Pero de entre todos los aparentes contrarios a algo, me llama mucho la atención Izquierda Unida, maniobrando ahí como puede. Sin saber si sumarse al bipartidismo o liderar el grupúsculo Podemos. Difícil situación la suya. Sabe que si se alía con el bipartidismo el error táctico puede ser demencial -bipartidismo no se convertirá jamás en tripartidismo por su propia naturaleza- pero si se alía con el grupúsculo Podemos, estos 'pueden' -y de hecho ya lo han hecho- arrebatarles sus votos. Curioso panorama el de los partidos españoles, el de la sociedad española.
Mientras tanto la monarquía a su bola. Montando su franquicia como el Mcdonald monta tiendas donde puede o le dejan, intentando que la prole, que es abundante, tenga un futuro. O sea como cualquier familia de bien. Buscando los mínimos resquicios que les deja o le posibilita la clase política rastrera, apresurándose a que esto no se convierta en algo ingobernable, aprovechando la coronación mientras que la decadencia de la 'roja' no se derrumbe del todo, aprovechando cualquier cosa por tal de seguir ahí todo el tiempo posible. Cuatro años más, ocho años más, lo que sea, a ver si conseguimos que podamos jubilarlos como Chaves o Rubalcaba y que los niños no tengan que irse a Sintra o a Biarritz a veraneos perpetuos, como los abuelos.
Por su parte, el español medio. Ese que mira con asombra y perplejidad, a la vez que con ascendente apatía todo lo que pasa a su alrededor. Total, si sabe que por mucho o poco que diga nada va a cambiar, para qué mover un dedo. Y eso ahora que estamos jodidos económicamente, que cuando tengamos prosperidad económica gritaremos al cielo el nombre de Felipe VI o lo que haga falta. Es cuestión de tener paciencia.
Y, claro, como eso lo saben desde la monarquía hasta el alcalde más modesto, se trata tan sólo de aguantar el chaparrón, hacer leyes inmunes y que la 'roja' vuelva a ganar cuanto antes, aunque sea a Australia. 
Así se escribe la historia.  

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