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lunes, 17 de marzo de 2014

MICRORRELATO-FÁBULA (LOBO): EL ESTIGMA DE MI NOMBRE

Mi mayor estigma fue siempre ser lobo y llamarme Pedro. Ya desde lobezno, los demás compañeros de la escuela disfrutaban de lo lindo con la paradoja. '¡Que viene el lobo!' o '¡Que viene Pedro!' Porque en realidad es completamente antagónico pertenecer a esta especie y llamarse así. No echemos la culpa al cuento ni a la sinfonía de Prokófiev. Más bien echémosla a mis padres, que no tuvieron demasiado tacto al llamarme con ese nombre. Podrían haber elegido Isidro, que es el nombre de mi propio padre, o Alberto, que es el de mi abuelo, pero no, decidieron que mi nombre fuera Pedro y eso me ha marcado desde siempre. Me pregunto si no habría disfrute en la familia al decidir el dichoso nombre. 
Cuando me presentan a alguien, el chiste siempre está servido. Es más, soy yo mismo el que se anticipa contándolo. Qué remedio. Pero el colmo fue el recochineo en mi última entrevista de trabajo. Resulta que soy guardia de seguridad -para más abundancia- y el gerente de la empresa, ahogándose  de risa, no dudó en preguntarme: ¿Si das una señal de alarma, a quién debemos de creer: a Pedro o al lobo?    

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