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jueves, 2 de enero de 2014

MUCHO QUE HACER

Comienza el nuevo el año. Y con él, bien guardado en la mente, en notas, en apuntes, mucho que escribir aquí. Pero iremos por partes. No obstante, diré lo más novedoso, para lo cual es necesario un pequeño prólogo.
Iba el día uno de enero corriendo feliz entre olivos. Como se puede fácilmente suponer, no había un alma. Ni tan siquiera había nadie recogiendo aceituna (algo normal en día festivo tan señalado). Hasta los pájaros -que suelen ser muchos, y de diversos tamaños, en zona de olivos- parecían estar todavía dormitando la noche de resaca. Incluso uno de ellos pió de manera desaforada a mi paso: ambos nos asustamos. Seguramente, no esperaba encontrarse con nadie.
 El día estaba algo nublado -a pesar de que  había amanecido con sol-, pero la temperatura era buena. De hecho, utilicé para correr un pantalón técnico corto de verano -un Adidas negro- y una única capa como camiseta técnica -una Brooks negra-. Un poco de aire, a veces frío, pero se soportaba bien. Iba a gusto, ya digo.
Por tanto, heme allí por aquellos solitarios parajes, disfrutando del silencio y de mis pasos por aquellas hermosas veredas, cuando me pregunté a mí mismo -creo que hasta en voz alta-: ¿Por qué no puedo contar estas buenas experiencias en el blog, como siempre he hecho? ¿Por qué no contar estas buenas sensaciones y estos puros sentimientos? ¿Por qué no relatar algo que forma parte de mi existencia de manera tan decisiva? Vale, no vas a ser desleal a tu palabra cuando manifestaste públicamente que no hablarás de correr en el blog,  que había que dejar espacio para otros asuntos, me dije a modo de respuesta, pero una cosa es hablar de correr y otra hablar de experiencias y sensaciones, que en definitiva, es de lo que se trata. Y si corres de forma habitual y disfrutas con ello, seguí diciéndome a modo de justificación, por qué no contarlo, por qué no literaturizarlo.
Y así es como surgió la idea de volver a escribir sobre correr, aunque eso no signifique que el blog vaya a estar dedicado básicamente a este deporte (como fue en su origen). Correr forma parte de mis días y, es probable, que sea una de las cosas a las que más tiempo dedique en mi tiempo libre, luego ¿por qué no hablar de ello?
A los pocos kilómetros de esa reflexión, comenzó a dolerme de nuevo la parte superior del soleo derecho, pero eso es otra historia.
Así que volverá a haber entradas sobre correr, con la matización -he de decir- que tan sólo en lo que se refiere a las buenas sensaciones que uno experimenta -cuando las experimenta- y/o anécdotas y hechos dignos de contar, algo muy similar a lo que escribo cuando me subyuga una película o me emociona un grupo de esos raros que a mí me gustar escuchar. Y, aunque parezca, una tontería, porque es lo que siempre he hecho, eso renueva la ilusión. Pero iremos por partes, porque primero hay que acabar el ciclo de las cuatro ciudades bávaras. La última, Múnich, será la protagonista de la siguiente entrada; y, posteriormente, hablaré de la primera película que he visto este año en DVD/BD, que me ha gustado y sorprendido.
Ya sabéis, no es mala idea pasarse por aquí si os apetece algo de lectura y tranquilidad tras el alboroto colectivo de estas fechas que ya están llegando a su fin. Y nada pasa si comentáis algo, que siempre es la salsa que condimenta los blogs.

2 comentarios:

  1. Me parece muy bien esa decisión tuya. Egoístamente te diré que esas "experiencias" me servirán para alimentar mi ego de corredor. Me gusta ver y oir para aprender. Gracias y enhorabuena.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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