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jueves, 18 de julio de 2013

EL VERANO, EL CORRER, LA HIDRATACIÓN Y LA NUTRICIÓN

Y aunque parezcan demasiados deberes, los corredores hemos de tener en cuenta muchas cosas si no querer claudicar en el intento. 
Por ejemplo, esta tarde. Sé que estoy en un buen momento de forma, no me cuesta correr, soy capaz de asimilar buen número de kilómetros a ritmo alegre y, lo mejor, no acabo fundido ni con dolores musculares. Luego, estoy bien. 
Pero de pronto, esta misma tarde, decía, me he sentido sin fuerzas corriendo. Sin previo aviso, como suelen despedir ahora las empresas, y por arte de birlibirloque, justo desde el principio he comprendido que en las piernas notaba ese cansancio particular que te hace suponer que no vas a poder ir al ritmo que quisieras. Además, percibía que el isotónico ingerido minutos antes y el mordisco en el plátano -como siempre hago- no iban a gozar de la simpatía de los líquidos gastrointestinales. Hacía calor, mucha calor, a pesar de ser ya las 20,20 horas y tenía 15 kilómetros por delante. Para colmo comenzó a dolerme un poco la zona del gemelo interno de la pierna derecha. Demasiadas trabas para entrenar, me dije. Consideré también que los 12 kilómetros de olivo-trail del lunes y los 10 del martes más técnica de carrera (la técnica de carrera es exigente) contribuyeron también a ese cansancio general.     
Pero ocurre que estamos en verano, las temperaturas no bajan de los 34 grados centígrados, por la noche dormimos menos y el trabajo diario se realiza en unas condiciones más difíciles, incluso para quienes trabajamos en oficinas. Además, si no nos hemos hidratado bien durante el día o hemos ingerido menos nutrientes de los necesarios (en verano se necesita menos alimento que en invierno porque el nuestro calor corporal es más bajo al no tener que luchar contra el frío atmosférico), se produce un cúmulo de despropósitos colosales que acaban por aparecer en nuestro entrenamiento y eso nos debilita. Pero eso no debe ser motivo de alarma ya que forma parte de esta época estival. 
De ahí que sea un enorme riesgo correr con temperaturas altas, ya que por lo general nuestro organismo sube un par de grados más. Es decir, si salimos a correr con 36 grados centígrados, no debemos extrañarnos que nuestro organismo se exponga a una temperatura corporal de casi 40 grados y eso es un despropósito que puede acabar por provocar una lesión o algo peor. Por tanto, en verano debemos ingerir mucho líquido durante el día y la noche y comer el máximo de fruta de temporada ya que nos aportan los carbohidratos que necesitamos y poseen mucha agua que, además, es de calidad. Y, por supuesto, no abusar del alcohol y de los alimentos demasiado calóricos. 
Por tanto, conocedor como soy de mi organismo y sabiéndolo escuchar (eso se aprende con los años), decidí recortar la distancia en unos 2,5 kilómetros. Otra opción era bajar el ritmo, pero eso no es fácil. En mi caso, ir por debajo de mi ritmo cómodo me provoca aún más problemas. Estaba marcando algunos kilómetros a 4'30''-35'' el mil (no la media, que ha sido de 4'52''), pero iba cómodo a pesar del estado de debilidad general, así que decidí apretar los dientes y dejarme llevar. Bajar el ritmo, estoy seguro, que hubiera sido peor. No obstante, ahora mientras escribo estas palabras percibo que estoy recuperando bien y mañana viernes servirá para descansar por completo y asumir el sábado por la mañana un rodaje de unos 15 kilómetros. Estoy seguro que para entonces ya estaré completamente recuperado.         

1 comentario:

  1. Sin dudarlo, sabes lo que te haces. Estoy con todo lo que nos dice. A mi me pasa que siempre tengo un temor a sobrealimentarme por miedo a coger peso, por ello, siempre que puedo, ceno frutas unas 4 o 5 veces por semana. Eso si, mi cerveza helada no la cambio por ningún otro líquido, ahora casi siempre después de correr. Un abrazo amigo

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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