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miércoles, 20 de marzo de 2013

ODISEA DE UN CORREDOR LESIONADO

En esta entrada que voy a escribir trata sobre un aspecto relacionado con los corredores y su mundo y es de máximo interés -principalmente para quien esté federado-. Reconozco que el asunto que trataré podría ser un ladrillo o de poco interés para quien no corra, pero aún así aconsejo su lectura, porque expondré algo que tiene mucho que con el funcionamiento -o mal funcionamiento- de  otro asunto más que funciona mal en nuestro  decadente país. Veamos.

El esforzado corredor popular, José Antonio Flores Vera, se lesionó una fría tarde del sábado, 23 de febrero. Fue una lesión evitable, ya dije, pero lesión a fin de cuentas. En suma: salía a entrenar tras dos semanas de parón por mor de un resfriado y en el kilómetro cuatro más o menos, el gemelo izquierdo comenzó a molestarme y algo me digo que allí abajo pasaba algo; me dí la vuelta y desistí de completar la ruta de 14 kilómetros que pensaba hacer, como conté en su momento. Hasta ahí todo normal: corredor que sale a correr y se lesiona. 
Yo estoy federado a través de mi club Esquí-Atletismo Caja Rural desde hace bastantes años. Pero no fue hasta el año pasado cuando usé por vez primera los servicios de la Mutua General Deportiva, es decir, el seguro contratado por la Federación Andaluza de Atletismo en Granada. En esa ocasión, me atendieron rápidamente en una buena clínica y tras diez sesiones de ultrasonido e infrarrojos y la inactividad aconsejada, me recuperé por completo. Así que este año he vuelto a completar el breve protocolo exigido: llamar a Federación de Atletismo; abonar una cantidad de 3 €; rellenar el parte del accidente -lesión- que me envío la Federación por correo electrónico y  y remitirlo al seguro a su vez por correo electrónico, una vez escaneado. Ya sólo queda esperar la llamada del seguro. Todo eso fue completado el día 26 de febrero. 
A partir de ahí vino la odisea, la exasperante espera. 
Elegí la misma clínica del año anterior, pero el seguro me dijo que no atendían las reiteradas llamadas y me dieron a elegir otra clínica a la que 'suelen ir corredores'; ese mismo día, me volvieron a llamar diciéndome que no había forma de contactar con ellos, así que elegí una tercera, que también trataba a deportistas y que tenía sala de rehabilitación. Entre tanto pasó más de una semana, pero por fin me dieron cita el día 7 de marzo en esta clínica. Me atendió el traumatólogo y aconsejó una ecografía -sinceramente yo hubiera optado por ultrasonido e infrarrojos como el año anterior, mejor me hubiera ido-. Pero para poder realizar la ecografía en un centro especializado había que solicitarla al seguro. Comencé a temblar, de veras. 
Entramos en la segunda semana de marzo y el seguro aún no me había llamado, así que una buena tarde llamo a la clínica y afirman que solicitaron esa prueba el mismo día de mi visita. Me los creo. Llamo al seguro y me comentan que no les constaba que la clínica la hubiera pedido, pero les di datos más exactos y localizaron la petición. Al día siguiente llamaron indicándome los centros en los que podía elegir hacerme la ecografía. Elegí uno, del que sabía su buen funcionamiento. Me dieron cita para el día siguiente. 'Si no acude mañana ya no podrá ir hasta mediados de abrir', me dijeron. Se me pusieron de corbata.

El pasado 14 de marzo, como un reloj cogí la moto y me personé en el centro donde me hicieron la ecografía. Comenzando a comprender que la cosa iba a ir para largo, me aventuré y le pregunté al radiólogo sobre cómo veía la lesión y este me dijo que estaba en fase de resolución, como ya adelanté aquí en una entrada anterior. Esa misma tarde me llevé puesta la radiografía. Ahora tenía que verla el traumatólogo. 
Sinceramente, esperaba que el seguro me llamara al día siguiente, pero no fue así. Les llamé yo en la tarde del viernes, 15 de marzo, y me dieron a elegir la clínica en la que me diagnosticarían el resultado de la eco y donde comenzaría la rehabilitación si era necesario. Lógicamente, opté por la clínica a la que acudí inicialmente. 
Llegó el lunes, 18 de marzo, y el seguro, como era de esperar, no me llamó, pero fuí prudente y no les telefoneé ni el lunes ni el martes -hay tiempo me dije a mí mismo irónicamente-, pero lo he hecho hoy miércoles. Y en el seguro -como siempre, con corrección y amabilidad, me indican que están intentando concertar una cita con la clínica pero no hay manera. Y es cierto, yo mismo he llamado y la clínica y nunca te atienden. 
El próximo sábado hará un mes que me lesioné. 

Por tanto ¿qué está ocurriendo aquí? Se me ocurren varias cosas, pero intentaré no ser demasiado ocurrente y sí lo más razonable posible. 
Un comentario de la doctora que me atendió el año pasado mes dio las claves: estos del seguro de la Federación pagan poco, mal y en ocasiones nunca; antes había uno bueno, pero lo cambiaron.... -me vino a decir- y probablemente ya no volvamos a ofrecer nuestros servicios. Y, efectivamente, esta clínica -que es la primera que elegí- se negó a coger el requerimiento del seguro (por tanto ya ha debido desistir); y probablemente también la segunda. La tercera si atendió la cita, pero no parecen demasiados entusiasmados. Por tanto, las claves deben de apuntar a que nos encontramos ante un seguro que paga mal, tarde y en ocasiones nunca. Y si eso es así podría ser por dos motivos: 1. Porque el seguro, efectivamente, tiene fama de no atender bien los pagos y pagar tarde o nunca. 2. Que la Federación de Atletismo haya contratado un seguro barato y, por tanto, con pocas coberturas.
Sin embargo, lo triste de todo esto no es toda esa ineficacia demostrada. Lo verdaderamente triste es que lo que debiera ser una obligación -estar federado para poder correr- se esté convirtiendo en una broma pesada. 
Sería una magnífica idea que todo corredor popular estuviera federado, asumiendo una cuota razonable. Pagar una cantidad anual y saber que estás cubierto, toda vez que la sanidad pública no es una opción válida dada su lentitud y las pocas posibilidades de que te deriven a un especialista que, a su vez, considere oportuno obtener una eco. 
Pero resulta que estar federado en esta tierra se puede convertir en una mala idea, a pesar de que el precio anual de la licencia federativa no es un regalo (más económica si se opta a través de un club, que si se hace de forma independiente). 
Así que lo que debería ser la regla y lo normal, actualmente, no parece demasiado aconsejable. Probablemente en la temporada próxima no renovaré dicha licencia tal y como están las cosas. Y, lógicamente, expondré mis quejas a la Federación Andaluza de Atletismo en Granada. Es más, lo haré por correo electrónico en cuanto acabe de escribir esto.  
Aún así, persistente como suelo ser cuando creo que algo es justo, esta tarde volveré a llamar, a ver si hay suerte y no transcurre más de un mes entre lesión y diagnóstico.

ACTUALIZACIÓN A 21 DE MARZO:

Por fín recibí la anhelada llamada: ya tengo cita para el viernes, 22 ¿Rehabilitación? ¿Totalmente recuperado? 

2 comentarios:

  1. Una odisea que yo también tuve que pasar cuando tuve mi larga lesión de rodilla. Ni mutua ni nada de nada. Ineptos y traumatólogos groseros que me ofrecieron solución. Me costó dios y ayuda que me hicieran una resonancia y al final lo que me quitó la lesión fue el tiempo, la constancia y el dinero que me gasté en fisioterapia. Desde entonces tengo miedo en doble sentido a la lesión: físico y económico.

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  2. Y lo más frustrante es percibir la ineptitud -como bien dices- y la indiferencia que hay hacia nuestro deporte en ciertos sectores sanitarios. Nos miran como a una especie de Alliens y uno casi puede leer en sus miradas: 'Estás lesionado porque corres', en fín, que lo podríamos evitar.
    De ahí que le tengamos cada vez más miedo a las lesiones.
    Seguramente que si un costalero en Semana Santa se fractura un hombro, hay mucha más comprensión.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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