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domingo, 17 de febrero de 2013

UN RESFRIADO (O EL FIN DEL MUNDO)

Lejanos parecen esos caminos de invierno
Si nos ponemos melodramáticos, un vulgar resfriado puede suponer el fin del mundo para un corredor habitual. Tanto o más como la llegada de una fecha fatídica para una secta o una tribu perdida en algún rincón del mundo. 
Sin embargo, lo más inquietante no es ni de lejos esa semana o diez días que se pierden sin correr o sin poder disfrutar de la emoción de una prueba deportiva; lo más inquietante es cómo la memoria se centra más en los últimos siete días de inactividad que en -por ejemplo- el mes anterior cubierto de kilómetros por esos caminos de Dios. Luego, te acabas preguntando ¿por qué será la mente la sutilmente selectiva?
Pasados unos días, todo volverá a la normalidad (porque al final todo vuelve a la normalidad) y la memoria, con la misma facilidad con la que olvidó todos esos rodajes repletos de kilómetros, volverá a centrarse en ellos y acabará ninguneando los días de obligado reposo. Probablemente este trabajo oculto de la memoria es lo que hace que todo sea más llevadero y cotidiano.  

3 comentarios:

  1. En mi caso los dos últimos meses andaba saturado de correr. Seguía corriendo lo de siempre pero sin la ilusión de siempre. Un paron impuesto por circunstancias ajenas a mi voluntad ha hecho que recobré la ilusión. No hay mal que por bien no venga.

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  2. Hola José Antonio, hoy he corrido con un resfriado, "dopado" con Frenadol, y al menos he terminado en plan rodaje.
    No pasa nada por perder el rtimo unos días. Saludos.

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  3. Lo que no nos mata nos hace fuertes ¡Qué enorme sentido tiene esa frase! Saludos amigos.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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