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martes, 5 de febrero de 2013

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA PROGRESIVA MASIFICACIÓN DE LAS PRUEBAS DE FONDO

La entrada anterior, a cuento de la crónica de la primera prueba del Circuito de Diputación, ha generado algún que otro comentario polémico, siendo deducible cierto nerviosismo o indignación -o ambas cosas- por el declive que están sufriendo algunas míticas pruebas del Circuito, por mor de la crisis, o al menos, amparándose en ella. 
Es cierto que el número de corredores que se han sumado a las últimas ediciones ha sido exponencial. Pero eso es positivo. Aunque todo lo que es positivo, también conlleva sus sombras de negatividad, principalmente, cuando se trata de aglomeración de personas. 
Que el correr popular esté calando en la población es bueno, muy bueno; eso significa que hemos dado el paso para ser mejor ciudadanos, cuidarnos más, alejarnos del temido sobrepeso y las consecuencias que éste conlleva en forma de colesterol, triglicéridos, tensión alta y demás síndromes metabólicos que se desarrollan en el organismo la inactividad, la mala alimentación, los malos hábitos y el estrés de la vida diaria. 
Que la crisis haya hecho también que mucha gente abandone la dura cuota de los gimnasios u otras aficiones caras también tiene su parte de razón. Sea lo que fuere, el caso es que cada vez corre más gente, de todas las edades, de todas las condiciones, de todas las ideologías, de todas las alturas y peso, de todas las profesiones... Eso, qué duda cabe, es positivo. 
Pero ocurre que los organismos públicos, obsesionados con el no-gasto, cada vez dedican menos fondos para estos eventos; es decir, había más fondos cuando corría menos gente, lo que supone un claro contrasentido. Hay que reconocer la lacra de la deuda municipal, que es elevada y traidora, pero hay que intentar racionalizar (señores munícipes) y gastar menos allá donde no se debe, para gastar allá donde se debe. 
Y, claro, cuando no se gasta donde se debe, como viene ocurriendo en la mayoría de las pruebas de fondo, surgen los problemas, la indignación y la defraudación. Es decir, algo muy similar a lo que pasó el pasado domingo en Armilla.
Nos decía un comentarista anónimo -entre otras cosas- que para los que iban más despacio no había camisetas ni Cruzcampo y demás cosas, que sí las hubo para los que íbamos algo más rápido. Y, sinceramente, creo que llevaba mucho razón: ellos también pagaron su cuota; la misma que pagó el primero. Por tanto, es de justicia que le correspondiera su bolsa del corredor -o lo que va quedando ya de ella-, sus cervezas e, incluso, su foto, porque creo recordar que sólo hubo foto para los que llegaron por debajo del minuto 48, más o menos (no obstante, hay que decir que algunos, como yo, llegando diez minutos antes, tampoco fuimos 'premiados' con foto). Y de ahí la indignación de mucha gente que está comenzando a correr, que es cuando más valoras la camiseta y la foto. A esa gente es a la que hay que atender con más ahínco, con el fin de que no pierda el interés y vuelvan de nuevo al sobrepeso, los malos hábitos y la inactividad.Pero ocurre que la organización pasó alto este asunto. Cualquiera podría sostener que no dudaron en cobrar la inscripción, pero sí en entregar los regalos correspondientes. Y eso, lógicamente, jode
Pero ¿qué hacer para que eso no vuelva a ocurrir? Lógicamente, lo primero es lo que mantenía más arriba: subir el presupuesto; lo segundo, intentar buscar soluciones a tal acumulación de personas corriendo por calles no diseñadas para que corran muchos cientos (más de 1200 en Armilla), porque eso es un inconveniente para todos. 
He escuchado voces diciendo que habría que limitar la participación por tiempos, pero eso me parece descabellado en este deporte de base popular, porque ¿dónde habría que fijar el límite? ¿En los que atesoren 50 minutos en diez kilómetros? ¿En los que atesoren 45? ¿O en los que atesoren 40? Si eso fuera sí, una persona que atesore 40, podría ver con malos ojos que le fuera estrechando el paso por una calle angosta otra que atesore 50, pero a su vez, el que atesore 30 le ocurrirá igual con el que atesore 40; y el que atesore 30 sería mal visto por las gacelas keniatas si, hipotética, se dignaran correr este Circuito. No, esa no es la solución porque con intención e ideas hay espacio para todos. Sí podría serlo, estructurar la carrera de manera seria y contundente en base a cajones, como viene siendo habitual en las grandes pruebas de alta participación. O bien, dar salida por tiempos, en función del tiempo de cada cual. Pero para esos fines, todo el mundo debería de respetar milimétricamente la norma, algo que sabemos no suele ocurrir por estos lares. 
Imagen típica Maratón de New York

Se busque la solución que se busque, a la organización del Circuito de Diputación le vendría muy bien ir diseñando planes de futuro para dar solución a los muchos problemas con los que se va a ir encontrando ante la cada vez más progresiva masificación de las pruebas. 
No obstante, no se trata de un problema que tenga solamente el Circuito de Granada, lo tienen también otros organismos y ciudades. El problema de la masificación afecta cada vez más a pruebas largas, como es el Medio Maratón o el Maratón mismo (lo he vivido en Córdoba hace poco), pero también en estas pruebas se han dictado las mejores soluciones organizativas. De hecho, no existe prueba más masificada que el Maratón de Nueva York (corren más de 60.000 personas de todo el mundo) y todo el que ha participado allí habla cosas excelentes de la organización. E, igualmente, ocurre con el de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla o San Sebastián. 
Por tanto, aprendamos de los grandes si queremos que este deporte popular vaya a más.                  

5 comentarios:

  1. Esto tiene mal apaño. Que corra mucha gente es positivo, es obvio. Pero ¿todo el mundo tiene que hacer carreras? Igual estoy equivocado, pero para correr 8 ó 10 kms no hace falta inscribirse a una carrera. Creo que el boom ha sido tan repentino que gente que acaba de empezar a correr ya se están inscribiendo en medias maratones, y eso es un sinsentido.
    Veo descabellado que 2000 corredores corran una prueba de 8800 metros. Y si nos ponemos a exigir lo deseable- que sería que cada uno se sitúe en un lugar acorde a sus posibilidades- ya estaremos hablando de utopía. Es algo que a mí me desespera particularmente. De igual modo que yo no me pongo en la línea con Modesto Alvarez, que otros no se pongan codo con codo conmigo.

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  2. Buenas tardes Jose Antonio, yo creo que con esto de la crisis la gente te está echando a correr, para desconectar un poco se quitan de los gimnasios se compran unas zapatillas y a correr, yo pienso que los políticos se han dado cuenta de la masificación que existe en las carreras y cada vez está más desamparado en corredor, cuando debería ser lo contrario, ya que sale el concejal de Diputación poniéndose medallas por la gran participación de corredores, y pienso que el que llega el último le hace más ilusión su primera carrera terminada y por supuesto su camiseta, un abrazo de R. BOOTELLO

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  3. Efectivamente, amigos míos, este asunto es muy resbaladizo, pero ese tipo de suelos no los suele tocar el político. El problema irá en aumento, faltarán los medios organizativos, faltarán camisetas, el agua...en fin, todos los males que suelen tener todo lo masificado. Pero aún así, todos celebramos que la gente se haya puesto a correr. Saludos.

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  4. Esto de las carreras se ha desmadrado, y en muchas tienen culpa los políticos y en otras las organizaciones con ánimo de lucro que están apareciendo, organizando carreras masificadas, caras y con pobre bolsa del corredor, haciendo caja.Ahh y en algunas se incumplen los mínimos servicios sanitarios.
    Saludos

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  5. Ramón, parece que esta fiebre por las carreras se está extendiendo a todo el país. Lo más preocupante es el descuido sanitario, principalmente, porque cada vez corre más gente novata y eso tiene sus riesgos.
    Saludos.

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