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martes, 4 de diciembre de 2012

RELATOS BREVES DE OTOÑO

SOLILOQUIO DE UN ALCALDE ARREPENTIDO

Preludio 

Nada me podrá hacer disfrutar de estas fiestas venideras tan entrañables. Y aún estoy sorprendido de lo rápido que se ha sucedido todo. Porque parece mentira que haya pasado tan sólo un año desde que yo era razonablemente feliz. 
Conseguí mi sueño. Ser alcalde de mi ciudad; de la ciudad en la que nací y crecí; de la ciudad de mis antepasados. Desde siempre quise ser el Alcalde como ya lo fue mi bisabuelo hace más de un siglo. 

Parte Primera


No paro de preguntarme cómo no he podido evitar todo esto. ¿Por qué no supe ver lo que se estaba tejiendo a mi alrededor? Todas aquellas francachelas excesivas. Esas amistades peligrosas. Esos regalos admitidos, que nunca debieron serlo. Esas adulaciones gratuitas. 

Parte Segunda 

Debí decir no desde el principio al constructor Ramirez. Total, ya todos lo conocíamos en el pueblo. Sus relaciones con el anterior alcalde, mi antecesor, y la caída fulminante de aquél, debieron ser mi mejor lección aprendida. 
Así me lo ha insinuado esta misma mañana el secretario general de la agrupación local de mi partido, el mismo que apostó por mí para sustituir al alcalde dimitido. Pero los hombres jamás aprendemos. Y mucho menos los políticos, que solemos dejarnos embriagar por el elixir del poder y la gloria. Es la vanidad. 

Parte Tercera 

En principio, nada malo había en aceptar aquella invitación a cenar de Ramírez. En realidad, son muchas las cenas a las que voy. Va en el cargo, pero aquella fue la más indigesta. Tampoco interpreté negativamente que viniera a la misma mi concejal de urbanismo, un chico joven bien formado y de mi confianza, que había comenzado trabajando para el constructor como arquitecto técnico. No supe ver la red que me estaban tejiendo. Pero tras la cena vino el viaje con todos los gastos pagados a Estados Unidos para mi mujer y para mí; y después el coche y... esa cuenta, que ha resultado ser mi ruina. Qué paradoja. Me sentía el amo del universo y creí de veras que nada de eso jamás se sabría. Y en mi seguridad acartonada, no me molesté en comprobar que el solar recalificado para construir el centro comercial contenía unos humedales protegidos ¿Cómo pude ser tan idiota, conociendo aquella zona como la palma de mi mano? ¿No era allí dónde me bañaba de niño? ¿No era allí donde crié mi primera cerceta pardilla? ¿Por qué no fui advertido por la Comisión Provincial de Urbanismo? ¿Por qué ignoré el dictamen desfavorable de la arquitecta municipal? ¿Por qué traicioné a mis vecinos, traicionándome yo de camino? Ya no tengo respuestas a esas preguntas.

Desenlace 

El Juez de Instrucción acaba de leerme los cargos, pero el sargento de la policía local me ha tranquilizado. Es un buen hombre. Mañana mismo, sin demora, convocaré el pleno de mi dimisión. He de llamar a la familia. Y al abogado del partido.     


Autor: José Antonio Flores Vera

2 comentarios:

  1. Acababa deponer tu blog para seguir leyéndote y me encontré con la nueva publicación.
    Si es que la adulación surte efectos. Hay mucha gente vanidosa y le puede el brillo. Luego viene aquello de si lo hubiera sabido.
    Como este alcalde cientos.
    Un saludo

    P.D.
    He corrido durante 15 años todos los días. Los achaques no me dejan. Ahora camino de prisa a pesar de los Pasitos Cortos. Me das sana envidia

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  2. Katy Sánchez, cortos o largos, lo importantes es la actitud. Gracias por tu visita.

    ResponderEliminar

Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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