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martes, 25 de diciembre de 2012

RELATOS BREVES DE INVIERNO

Bueno, pues a pesar de que el día se ha levantado levantisco -valga la redundancia- por el sur, no hay que olvidar que seguimos en Navidad, y nada mejor que un pequeño relativo que funcione como Cuento de Navidad.  



LAS LUCES DE LA CIUDAD



Cuando llegó el día anunciado y el mayor y más conocido centro comercial de la ciudad no encendió sus luces navideñas, casi todo el mundo sintió indiferencia. No hubiera sido así en años anteriores, pero ese año que ya se iba evaporando no había sido en absoluto el mejor de todos. De hecho, la mayoría de la gente, una vez diagnosticada su situación, la de su familia y mejores amigos, prefería que las cosas que le rodeaban no tuvieran un brillo especial y mucho menos que ese centro comercial se dedicara a repartir destellos a lo largo y ancho de su enorme y bien situado edificio en el centro de la ciudad. Mucho mejor así, se dijeron unos a otros.
  Sin embargo, un grupo más pequeño de ciudadanos aguardaron gran parte de la tarde para convencerse que el tardío y anunciado encendido de las luces navideñas no se había llegado a cumplir por mor de alguna avería sin importancia. Eso produjo expectación y bromas, creando en el ambiente cierta algarabía y cierto aire festivo a mitad de camino entre la incredulidad y el desconcierto. Todo el mundo en esos momentos apostaría todo lo que llevara en sus bolsillos a que en un par de horas todo estaría solucionado y ese centro comercial, el más famoso de la ciudad, acabaría por conectar toda su luminaria. Pero eso no ocurrió, ni esa tarde ni en las siguientes.
  Por su parte los munícipes, encerrados en sus despachos hacían comentarios entre jocosos y nerviosos, toda vez que la iluminación de ese centro comercial significaba la única esperanza de que hubiera algún alumbrado navideño en la ciudad, ya que el presupuesto no había permitido ni tan siquiera poner una mínima bombilla.
  El grupo de los escépticos, los que habían mostrado total indiferencia ante la falta de iluminación del establecimiento comercial, casi se regocijaban y consideraban justo que no hubiera más iluminación que la de ordinario hay el resto del año. Sin duda, su pensamiento estaba amordazado por su estado de ánimo, el cual se había ido ennegreciendo a medida que iba transcurriendo aquel año horrible. Se asomaban curiosos y divertidos a las puertas del centro comercial y disfrutaban que éste siguiera sin dar señales de luz alguna.
  Entonces, los periódicos de la ciudad centraron sus críticas en el ayuntamiento, acusando a los munícipes de irresponsabilidad ante la falta de luces festivas en la ciudad en fechas tan señaladas. Ese asunto provocó un agrio debate entre los que consideraban que no habría que gastar dinero en algo tan fatuo y los que consideraban que era necesario gastar dinero para significar esas fechas tan señaladas.
  Pasaron los días y la ciudad seguía sin contar con una bombilla festiva, así que una comitiva de ciudadanos celebérrimos se dirigieron a la dirección del centro comercial amenazando con no hacer gasto alguno si no encendían las luces como todos los años. La dirección alegó que por solidaridad y ante el oscuro estado de ánimo de gran parte de los ciudadanos de la ciudad habían decidido ser consecuentes, pero esa argumento no convenció a nadie. Ni tan siquiera a los escépticos que a esas alturas, comprobando que ya pasaban demasiados días y que su frustración no era tampoco de tan largo alcance -y mucho menos en fechas tan señaladas- comenzaron a echar de menos esas luces navideñas, muchos de ellos presionados por sus propia familia y amigos.
  Ante la sorpresa de todos, tanto un grupo como el otro -el de los celebérrimos y el de los escépticos- decidieron unir sus fuerzas y organizarse; unos irían a visitar a la dirección del centro comercial y otros al ayuntamiento. Ante esa tesitura ni el centro comercial ni el ayuntamiento supieron que contestar, confundidos por esa reacción unívoca.
  -Mucho tiempo llevo en la vida pública y sigo sin conocer a los ciudadanos que intento gobernar -dijo el alcalde al director del centro comercial en la reunión urgente que convocaron -.
  -Yo estoy aún más confundido, alcalde, ya que tras muchos años dedicado al comercio, este año he comprendido que hay cosas que no están en venta.
Lógicamente, ante el cariz que habían tomado las circunstancias y con una semana de retraso, tanto el ayuntamiento como el centro comercial llenaron de luces la ciudad.    

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