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martes, 30 de octubre de 2012

RELATOS BREVES DE OTOÑO

¡MALDITO GPS!
(Relato-precuela de la Media Maratón de Jaén)

Cuando me aproximaba a la zona de Jaén que había determinado en el GPS, éste comenzó a desvariar. No me sorprendió, porque lo había hecho en otras ocasiones, así que dejé que la voz electrónica de Ana me indicara el resultado del recálculo que estaba anunciando de manera un poco cansina. Pero no había forma. Como el recálculo no fue fructífero el aparato comenzó a alumbrar en su pantalla latitudes y grados que no entendí en absoluto. Así que convencido de que el GPS ya no me iba a dar información alguna y perdido como estaba, decidí salir del coche y preguntar a cualquier persona que pasara por allí.
Pero lo tenía difícil, ya que se trataba de una zona a las afueras de la ciudad y eran las 8,30 de la  mañana de un frío domingo. Busqué por aquella zona despoblada, en la que sólo había campos con abundante maleza entre las grandes rocas que dibujaban a duras penas el serpenteante camino, que de forma ascendente conducía al Cerro de Santa Catalina, donde el Castillo coronaba y se erigía orgulloso.
Cuando ya había perdido la esperanza de encontrar a alguien, de detrás de una enorme roca salió un hombre alto y robusto vestido con un largo sayo cubierto con una coraza de cuero repujada con figuras de la flor de loto,  altas botas de piel vuelta de color negro y una larga capa de seda de color azul oscuro que por la parte trasera barría el suelo. Su aspecto no era conciliador pero aún así me dirigí a él de forma atropellada, antes de dar los buenos días que hubiera sido lo correcto y educado. El individuo me miró como si estuviera viendo una aparición y raudamente echó mano a su cinto, en el cual estaba alojada una larga daga. Comprendí perfectamente que por allí cerca debía de existir algún tipo de mercadillo medieval, de esos tan frecuentes que acostumbramos a ver en las fiestas de muchos pueblos y ciudades. Así que me tranquilicé al pensar que aquel sujeto tan sólo se estaba metiendo bien en su papel. Sin embargo, con mucha habilidad, el sujeto puso la daga en mi cuello al tiempo que farfullaba palabras para mí incomprensibles. Sin duda, se trataba de un inmigrante que en su afán de conseguir unos euros había aceptado vestirse de figurante para el mercadillo medieval.
Comprobé que la presión de la daga sobre el cuello iba en aumento e irritado le grité que ese juego ya no tenía gracia.
-¿Quién sois vos? –me preguntó el extraño individuo-.
-¿Yo...? he venido a correr la Media Maratón de Jaén y me he perdido. Tan sólo quería preguntarle si conoce el complejo deportivo 'Las Fuentezuelas' –le dije con cierto tono de nerviosismo-.
-Lo que decís, no tiene sentido. Venid conmigo –dijo casi arrastrándome hacia la roca de donde había salido minutos antes-.

Protesté pero de nada sirvió. Entonces se abrió ante mi un enorme campamento repleto de tiendas de campaña, de las que salían y entraban figurantes ataviados de forma similar a la de mi agresor. Hasta caballos tenían. Comprendí que allí se estaba celebrando la feria medieval y que los recursos del Ayuntamiento para ese fin no eran modestos, a pesar de la crisis. Mi involuntario acompañante me arrastró literalmente unos veinte metros y de un empujón me introdujo en una tienda de campaña que tenía, al menos, el triple de tamaño que las demás. Aquel juego ya estaba llegando muy lejos, me dije.
-Divina Majestad, he traído un intruso que merodeaba por la zona. Por su vestimenta podría ser un espía del enemigo –dijo mi carcelero-.
-Está bien, puedes retirarte –dijo fríamente aquel que había sido denominado Divina Majestad, que vestía con lujosos ropajes-.
-¿Qué significa esto? –dije, harto ya de ese juego sin sentido-.
-¿Quién sois? –dijo su Divina Majestad en un correcto castellano-.
-Ya se lo dije a su amigo, vengo desde Granada a correr y me he perdido... ¿Quién es usted? ¿Quiénes son ustedes?
-Te encuentras ante el Rey Fernando III del Castilla, Emperador  de la cristiandad, siendo el año del Señor de 1225.
-Sí –dije sonriendo- y yo soy Haile Gebrselassie.
-¿Quién? Si vienes desde Granada, la más infiel de las tierras, no tengo más remedio que sospechar de ti y detenerte.
-Ya está bien del jueguecito. ¿Forma parte este numerito del espectáculo del mercadillo medieval?
-¿Mercadillo medieval? ¿Qué es eso? Estamos aquí en campaña contra los moros. Estoy seguro que eso lo sabes muy bien –dijo el autonominado Rey de Castilla mirándome con marcada desconfianza- ¿Quién te envía?
Intenté seguir su juego no contradiciéndolo porque a esas alturas no estaba seguro de lo que estaba ocurriendo en realidad. Podría estar rodeado de un atajo de lunáticos y mi vida correr peligro. Mi sumisión hizo que se distendiera y comenzara a relatar la idea de formar un gran reino cristiano, expulsando de estas santas tierras godas a los infieles sarracenos. Llegado a ese punto, consideré todo aquello excesivo para un simple y vulgar mercadillo medieval.
-He llegado a la conclusión de que no eres el espía que creíamos a pesar de que vengas de Granada –dijo con desdén mientras miraba con recelo mi chándal negro Nike-. No tienes aspecto árabe sino eslavo, a pesar de que éstos también actúan como mercenarios de los sarracenos. Aún así, me dejaré llevar por mi instinto y te dejaré marchar en paz, con la condición de que no merodees más por aquí. Si volvemos a verte, serás apresado y torturado, no tientes mi bondad. Puedes irte.
Nervioso ya y sin saber qué pensar, logré llegar hasta el coche y, sorpresivamente, el GPS me indicó a la primera el lugar que buscaba. Llegué muy justo para coger el dorsal y finalmente pude correr la Media Maratón con la inquietud permanente de lo vivido.
La inquietud fue en aumento tras acabar la carrera y comenzó a sobrevolar sobre mi mente la idea del ‘bucle de tiempo’ que la literatura fantástica y el cine habían abordado en múltiples ocasiones. Así que nada más llegar a Granada visité a un amigo mío, físico y apasionado con la teoría de la relación espacio-tiempo y lector empedernido de ‘Historia del tiempo’ de Stephen Hawking. Éste me confirmó lo que había sospechado, explicándome que en raras, pero posibles, ocasiones el cambio de hora produce un extraño fenómeno, un ‘bucle de tiempo’, y que yo había tenido el privilegio de haberlo vivido de primera mano. No sabía si creerle.
Al día siguiente, llamé al Ayuntamiento de Jaén y me confirmaron que no existía en la programación de ese año la organización de ningún mercadillo medieval ni nada por el estilo. ¡Para fiestas estamos!, me dijo el funcionario antes de colgar.

3 comentarios:

  1. Muy bueno... me tienes que recomerdar las pastillas esas de colores que tomas o lo que fumas porque la verdad es que la narrativa es alucinante....

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  2. Santi,lo curioso es que lo que escribo normalmente se me ocurre corriendo, será por las endorfinas que, como sabes, es otra droga.
    Gracias por tus palabras. Saludos.

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  3. Una buena narrativa como siempre.Gracias por mi Levante pero el Granada tiene un buen equipo e irá a más, los delanteros me gustan.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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