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martes, 18 de septiembre de 2012

EL CORRER Y SU GRANDEZA

No sé si somos de otra pasta, como decía Rafa Bootello en un comentario a la anterior entrada. Pero, sí, es cierto que no somos demasiado normales. Una persona normal -que también lo somos en esencia-, por lo general, no suele madrugar un domingo, haga calor o frío, y coger el coche para desplazarse a otra ciudad o pueblo para correr a lo ancho y largo de 42, 21, 15 o 10 kilómetros. De hecho, tampoco es muy común hacer esos kilómetros sin que exista la necesidad de desplazarse. 
Cuando compraba pan y unas tortas en Guadix tras recuperarme de la Media Maratón del Melocotón, la dependienta reconoció en mí que venía de correr y me preguntó por la carrera. '¿Cuántos kilómetros son?', fue la pregunta que me hizo desde la tranquilidad de su comercio. 'Veintiuno' le contesté. 'Desde El Bejarín a Benalúa, debe ser duro', comentó la dependienta. 'Sí, en esta prueba y en estas fechas todo es duro, pero nos dedicamos a esto', ratifiqué finalmente. No es más que una breve conversación entre una persona que no se dedica a esto y otra que sí, aunque sea por mera afición. 
Paseé un rato por la bella ciudad de la Alcazaba nazarí, de la Catedral barroca, del buen pan y de los buenos churros, y pensé en aquella breve conversación: una ciudad que apenas acaba de levantarse, una panadera que vende su pan aún caliente y unos cientos de corredores que acaban de culminar veintiún duros kilómetros. Todo muy surrealista. Surrealista, porque mientras me dirigía al coche a dejar la bolsa de pan y tortas caseras, se daba el hecho casual que junto a donde estaba aparcado mi vehículo estaba el kilómetro 20 y que por él aún pasaban con cuentagotas algunos corredores. Eran los que iban a acabar en torno a las 2' 15'' y 2' 30''. Lógicamente, se les veía cansados, muy cansados, pero ilusionados por llegar, ajenos a cronos y a otras cuestiones menores. Animé a cada uno de ellos, y cada uno de ellos me devolvió las gracias. En particular, recuerdo a una chica, bastante gruesa. La observé dando sus agónicos pasos, sin apenas levantar las piernas del suelo y le dije que ni tan siquiera le faltaba un kilómetro -ocultándole que era el más duro-. Esa chica, bastante metida en carnes me inspiró heroicidad y convicción. A esa hora -casi las doce y media de la mañana- la mayoría de la gente estaba recién levantada, probablemente acicalándose para desayunar tardíamente, o bien, tomarse unas cañas. Coger relajadamente la prensa del día y sentarse en una vistosa terraza de un bar y ver pasar el domingo. Sin embargo, ella, llevaba levantadas varias horas y allí estaba luchando contra la onerosidad de su cuerpo y su último kilómetro. Me pareció algo lírico. Al poco, reconocía a un corredor que vestía la equipación de mi club. Se trataba de un conocido, con una edad aproximada a los 70 años, que con paso firme y estiloso se dirigía a culminar su enésima media maratón. El crono no importaba. Le saludé y me devolvió el saludo alegremente. A lo lejos les vi a ambos. La chica ya subía en dirección a la Catedral y el compañero de mi club curvaba hacía la derecha para enfilar los últimos ochocientos metros. Dos héroes silenciosos, que en una calurosa mañana de domingo y por un terreno agreste estaban a punto de culminar una gesta.  
Mientras tanto, en algún lugar, alguien sin mérito alguno -un político, el príncipe, el mismo rey o algún otro parásito del sistema- probablemente a esta ahora,  ante una cámara de televisión,  se bañaba en multitudes a cambio de contar mentiras y hundir aún más el país. Y pensé, con tristeza, lo injusta que es, en ocasiones, la vida.

7 comentarios:

  1. Jose Antonio aunque nunca comento siempre te leo y hoy me animo a decirte que no sé si lo que hacemos nos convierte en personas mejores o peores pero estoy seguro que si no convierte en personas diferentes, nos da otra perspectiva de los problemas, del esfuerzo para conseguir las metas. Por lo menos yo lo veo así.
    Me legra que hallas dejado atrás tus lesiones.
    Un saludo.

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  2. Onio, que me alegra verte de nuevo por aquí, éste tu blog. Sí, yo también creo que este deporte nos define como personas, en gran medida gracias a ese esfuerzo que comentas.
    Por ahora, me están respetando. Ya sabes que no falla: a mayor esfuerzo más probabilidad de lesión.
    Saludos.

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  3. Bueno, bueno... Es que lechazos, cervezas, bebidas espirituosas y demás manjares prohibidos no parecen ser buen carburante para corredores de fondo, jeje...
    Pero en fin, que ahí has hecho más de 21 kms, con lechazo incluido.
    Cuando uno entra en la dinámica de la competición habitual, olvida lo que es el simple hecho de correr. Ahora mismo, yo sólo quiero correr.

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  4. Bueno yo creo, que el correr libera la mente y a pesar del gran esfuerzo nos sentimos mucho mejor, y finalmente obtenemos el premio de terminar pruebas tan duras como la de Guadix, que yo creo que a la mayoría de los corredores nos coge falta de rodaje después del verano y de unas merecidas vacaciones de verano, que a pesar de ese sufrimiento la mayoría de los running ya estamos pensando en la próxima, un saludo campeón, de BOOTELLO,

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  5. Javi, Rafa, no era fácil correr en esas condiciones. Por suerte, yo también pienso ya en la próxima prueba, que no en el próximo lechazo, que no es más que un "lujo" gastronómico vacacional.
    Saludos.

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  6. Hermosa Reflexión, hermoso mensaje que dejas, sobre esa "inentendible" participación de esos 2 corredores que vistes pasar pero que para nostros dejan un gran mensaje "casi lirico" pero redentor y esperanzador al fin; a un mundo que mide el tener, las grandes marcas y no el ser, en donde el "triunfo" es secundario y no el fin de nuestra actividada.... Juan (arg)

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  7. Juan, con el paso del tiempo uno valora más el fondo que la forma. Cada vez me fijo más en los últimos corredores para comprender la dureza de nuestro deporte, que es una metáfora útil para comprender lo injusta que es nuestra sociedad. Gracias por estar ahí. Saludos.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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