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martes, 7 de agosto de 2012

CORRER Y SU MEMORIA

El pasado domingo madrugué para correr. Como lo hice el sábado. Reconozco que me encanta correr por la mañana en agosto, cuando te encuentras los campos y los caminos desperezándose y compruebas que cuando estás en la mitad de tu recorrido, el sol despierta de golpe a todos los seres vivos que pueblan la ruta, ya sean pájaros, plantas o personas. Esa transformación súbita me motiva de manera particular. 
Comienzas a correr a eso de las nueve o nueve y algo y vas descubriendo los claroscuros de la mañana -que a veces deposita rocío en las hojas-, pero a medida que pasan los kilómetros esos claroscuros se convierten en un amarillo de sol de agosto y ya pocos seres vivos se atreven a asomarse. El perro del 'Camino Real', permanece en su caseta y los pájaros veraniegos dejan de cantar, mientras que el rocío desaparece de las hojas, pero yo sigo mi ruta kilométrica, acumulando metros y metros, sin darle tregua al recién "estrenado" forer. 
Casa de Remedios -en invierno con el parral mutilado por el frío-, desde donde inicio mi ruta (FOTO DE GOOGLE EARTH).
El sábado fue un día glorioso. Hice la ruta acostumbrada de los sábados de agosto. Salí de Pinos Puente, en un punto a la salida del pueblo, en un lugar en el que ya sólo existen las dos últimas casas de la población por esa latitud, en el camino de Fitena a espaldas del Restaurante La Cruz de Granada, de grato sabor en mis recuerdos; en ese lugar, a esa hora, suelo encontrarme al panadero que deja atada una bolsa de pan en la reja del bonito patio -cubierto por una  frondosa parra veraniega- de Remedios, una anciana delgada y activa, que allí vive y que de alguna manera comparte ruta conmigo. Remedios me recuerda a mi abuela Carmen, que también era delgada y sabia y tenía un parral en su patio, que nos cobijaba en los tórridos veranos. Allí estudiaba y ella me arengaba  para que me esforzara cada día. Remedios apenas anda cada día trescientos metros; yo quince kilómetros. Pero ambos nos comentamos nuestras proezas. Porque es proeza para ella andar con su bastón esos trescientos metros cada día, a pesar de sus más de ochenta años. La veo andar en verano y la veo andar en invierno bajo un tiempo cruento. Yo salgo del coche, que aparco junto a la puerta de su casa y me abrigo hasta los ojos. Y ella, ya se dirige con su bastón a andar esos trescientos metros, que a veces triplica, ya llueva o nieve. Comenta que le duelen las piernas, pero yo le digo que la mejor medicina es andar y que visite menos el ambulatorio. Creo que me hace caso porque la experiencia le dicta que quien da consejos debe predicar con el ejemplo. Si me ausento una semana, Remedios me pregunta por mi ausencia y entonces le digo que he estado lesionado, de viaje o muy ocupado. Conoce a mi madre; de hecho se casaron el mismo año.  Y enfrente de donde parto, la enorme casa de José Antonio "El Lobo", hermano de mi buen amigo, el sabio cronista de la ciudad al que un buen día le dediqué un artículo en Ideal, que emocionó a él y a su familia. Manolo "El Lobo" es persona alegre y noctámbulo. 'Ya no te veo, sólo leo tus artículos. Los leo porque escribes muy bien', me dice el otro día cuando el andaba, intentando rebajar su peso y su glucosa. Sin embargo, a mi pregunta de sí sigue siendo noctámbulo me asegura que sí y que monta buenas fiestas flamencas en su casa como buen bohemio. Me autoinvito a una de ellas, porque sé que me admitirá.
 Su hermano, José Antonio, que es de otro costal, más rudo e iletrado, ya comienza su tarea infatigable en sus hazas, con su tractor ya ajado y su peón casi sordomudo que siempre me saluda, porque es viejo conocido. Justo enfrente de su enorme casa dejo mi coche.


El abuelo, al fondo, Pinos Puente, bajo la atenta mirada de "El Piorno" (FOTOGRAFIA DE PANORAMIO).  
Uno cuando corre, no lo hace sólo por el placer de hacerlo sino porque está ya unido a un terruño y cada metro que avanza lo conoce como la palma de su mano. Sabe donde se acelera el agua de la acequia y sabe en qué sitio de sombra podrá detenerse a beber agua de la botella que lleva agarrada a su cintura. Ese sitio de sombra, el sábado, fue "El Abuelo", ese centenario árbol, perdido en algún lugar entre Fuente Vaqueros, Valderrubio y Pinos Puente, que mi amigo Paco, con su gracejo habitual le llama el olmo negro, sin que sepa o sepamos de qué tipo de árbol se trata, un árbol casi sagrado que incluso podemos ver desde Google Earth. Allí se refugian los agricultores de los pueblos colindantes cuando recogen sus cosechas bajo el sol de julio y agosto como han hecho a lo largo de generaciones y allí me refugié yo el pasado sábado para beber de la cantimplora adherida a la cintura. Eran casi las 11 y el sol cromaba de amarillo ese largo y polvoriento camino que me conduciría a Ánzola. Faltaban más de siete kilómetros para acabar mi ruta de quince.
No se trataba de otra cosa que de un sábado de agosto sagrado, dedicado al correr, dedicado a mis raíces, prolongado con visita al pueblo para tomar un café, para comprar productos exclusivos en el mercado de "Pepico", para hablar con viejos conocidos. Un ajuste de cuentas con la memoria. 
Pero hoy domingo, como decía, madrugué para irme a hacer la ruta de "los olivos" -entre el Pantano del Cubilla y Caparacena- que estaban silenciosos -sino ausentes- a esta hora. Subía sus breves y durísimas rampas de hasta un 20% de inclinación, según el Forer- y desde allí, en ocasiones veía el Veleta. Sabía que ese domingo, cinco de agosto, era la prueba y sentía a partes iguales nostalgia y temor. Allí estaba yo el año pasado, subiendo esas rampas. Cuando llegué a casa, desde la terraza de mi ático, desde donde veo muy bien el Veleta, busqué los prismáticos para comprobar cómo refulgían los metales de los coches en la alta carretera de montaña. No podía ver corredores a esa distancia, naturalmente, pero mentalmente me veía en esas rampas,  pensando que allí podría estar de nuevo y admitiendo que, aunque me lo planteé, no he tenido la suficiente fuerza mental este año como sí la tuve el año anterior. Luego, me dije, es hora de que te plantees hacer un maratón, lechón. Sin embargo, concluía, que sí haré alguna mañana de agosto un entrenamiento en la zona del Veleta para, así, pulgar mi arrepentimiento por no haber estado allí este año.

8 comentarios:

  1. Este correr lleno de personas, personajes, paisajes, lugares, naturaleza , sensaciones , pensamientos frente al otro correr, de marcas, tiempos, series, competencia, rivalidad,envidias,lesiones, doping ....
    Creo que no hay duda con cual quedarse o por lo menos un servidor con el paso de los años lo va teniendo muy claro.
    Al hilo de la subida al veleta, qué ruta recomiendas para hacer un entreno correr-andar en aquella zona.
    Dónde dejar el coche para iniciarla y hasta dónde llegar?
    SaludoSS y ánimo que ya nos queda menos para completar el reto.

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  2. Alfredo, fíjate la de palabras que nos inspira el correr, y es que con los años vamos espiritualizando nuestro deporte.
    Para el Veleta yo hice dos test previos en los que corrí un 90% y andé un 10.
    1. Desde los chiringuitos junto al albergue hasta la meta de la prueba. Coincide con la mini y, a pesar de que tienes que bajar corriendo no fue tan duro para las piernas. En total, una media maratón aproxim.
    2. Desde el centro de visitantes de El Dornajo hasta la Virgen. El inconveniente es que si vas sólo tienes que bajar corriendo todas esas rampas y en total son muchos kilómetros. Tuve la suerte de que me bajara Enrique Molina que estaba por allí.
    En el primer caso, no hay más remedio que bajar corriendo o andando, ya que no dejan pasar vehículos (me pregunto si el microbús de los turistas podría bajarnos). En el segundo, es preferible que alguien te baje en coche hasta el centro de visitantes.
    Ya me contarás. Saludos.

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  3. CORRER Y SU MEMORIA. Que bonito.
    Acabas de ejercer un poder de abducción sobre tu compae, que aunque muera en el intento pienso ponerme ahora mismo las zapatillas y terminar el recorrido que hacíamos de antaño. (Le daré un manotazo al olmo cuando pase a su lado ). Para mí ha sido una de las mejores entradas que has publicado, recuerdos y vivencias que a pesar del paso del tiempo siempre guardas en la memoria. Recibe un fuerte abrazo COMPAE.

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  4. Precisamente te la pensaba enviar por email por si no la leías, ya que sabía que te iba a tocar. Es un ajuste con nuestra memoria Compae y por eso la entiendes tan bien.
    Me alegra que la hayas leído!!!
    Nota: hoy te llamé al móvil pero estaba off

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  5. "ma gustao" paisano esa nostalgia y vida de nuestra tierra....pero tb tengo que decirte que eso de madrugué el domingo y ya eran las nueve..por cierto que el domingo subí con la bici hasta cerca de los albergues siguiendo y pasando a los que corrían, pensé que te vería por allí.

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  6. Ya sabes paisano como llevo eso de madrugar para correr...No este año no he encontrado el momento de decidirme a subir al Veleta y casi me arrepiento de no haber estado allí. Oye que no te veo en las carreras...

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  7. Sin duda amigo eres un corredor. Pero además tienes el Don de saber escribir, tus entradas me emocionan, esta no iba a ser menos. Un abrazo

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  8. Muchas gracias Paco por tus palabras. Comentarios como el tuyo hacen que esto que hacemos merezca la pena. Saludos.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

CINE: `42' (USA, 2013)

Me gustan las películas de épica deportiva basadas en hechos reales. Intento buscarlas y verlas con interés. Películas que narran hechos ...