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domingo, 3 de junio de 2012

CINE: LA DAMA DE HIERRO (UK, 2011)



De la película que recrea irregularmente la biografía  política y personal de Margaret Thatcher, me interesan por encima de todo lo demás dos cosas: la sorprendente actuación de la mejor actriz viva: Meryl Streep, por un lado, y el paralelismo de la política que llevó a cabo la primera ministra británica con la actual, principalmente, en los países más endeudados de la zona euro, por otro. Todo lo demás me parece desaprovechado, porque este producto final en manos de otro director o directora más avezados hubiera estado mucho mejor terminado. Lástima porque, ya digo, el trabajo de la actriz norteamericana -que obtuvo el Óscar a la mejor actriz de 2011 por esta interpretación-  me parece proverbial, es más, excesivo, si atendemos al resultado final. Todo un superátiv interpretativo que, en mi opinión, no ha servido para mucho en lo que se refiere a valoración global de la película. 
A mi modo de ver, la desconocida directora de este film, ha pretendido que el espectador contemple la vitalidad política de la dirigente británica desde el ocaso ya de su existencia y a través de una mente desmemoriada y senil, pero vierte demasiado esfuerzo en este cometido y pasa de puntillas por un aspecto que hubiera sido más interesante y que tan sólo se deja entrever a través de fotogramas sueltos: la dureza de la política de recortes que Margaret Thatcher infringió a su pueblo y que marcó una forma de hacer política en Europa que, no es más que un preludio de lo que está ocurriendo ahora, principalmente, ya digo, entre los países más endeudados de la zona euro, pero también en los demás países occidentales abanderados del "estado de bienestar social". 
Margaret Thatcher y Ronald Reegan, marcaron una impronta política en los años 80 -e incluso unos años antes- que cambiaron la forma de interpretar el papel de los estados occidentales, los cuáles estaban aun inmersos en una política basada en el gasto -a veces excesivo y sin control- y el "estado del bienestar", sin pensar aún en recortes, privatizaciones u otras políticas austeras. Esa política neoliberal de Thatcher y Reegan, de gran recorrido, está obteniendo ahora sus frutos, lo que demuestra que era algo planificado y bien estructurado. Tal vez, ésa tendría que haber sido la impronta de esta película, aspecto éste mucho más coherente con el papel que interpreta Meryl Streep. Por eso hablaba antes del excesivo papel de la protagonista; excesivo porque el argumento, la historia que quiere contar la directora y el guión se pierden en vericuetos de la memoria y el recuerdo que nos queda de la película no es otro que la historia de una anciana senil que parece no saber en qué mundo vive ni parecer tener conciencia apenas de haber cambiado el orden mundial. Esa ha sido, en mi opinión, la oportunidad perdida de esta película de alto presupuesto.
No obstante, aconsejo verla, al menos, para sacar conclusiones -que bien podrían ser muy distintas a éstas- y, en todo caso, para disfrutar de una de las interpretaciones más lúcidas de los últimos tiempos.  

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