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lunes, 21 de mayo de 2012

CRISIS GRIEGA, CRISIS ESPAÑOLA








Hace algo más de un año leí con interés un reportaje sobre los efectos de la crisis en la población griega. En ese reportaje la información se centraba, básicamente, en los ciudadanos, sus grandes víctimas. El periodista entrevistaba a personas normales para que de primera mano fueran explicando cómo les estaba afectando la crisis y los recortes. En aquel momento Grecia no había sido intervenida por segunda vez aún, pero estaba a punto de recibir una segunda suma millonaria de la Unión Europea a cambio, claro está, de un fuerte interés que redundaría en más sacrificios y más recortes y, por lo tanto, mayor emprobrecimiento.
Entre los ciudadanos entrevistados había de todo: obreros no especializados, maestros, estudiantes, funcionarios, catedráticos de universidad, médicos, comerciantes...en fin, gente del pueblo y uno leía con mucha inquietud cómo todos, de manera unánime, advertían de la difícil situación por la atravesaban y cómo les costaba acostumbrarse al cada vez más bajo nivel de vida que les imponían sus dirigentes (en realidad, los dirigentes alemanes, dijo alguno). De entre todas las entrevistas, una me impactó. Se trataba de una veterana maestra de escuela y al saber que el periodista era español le vino a decir más o menos: "ustedes no saben a qué están expuestos. Comienzan con pequeños recortes y un buen día comprueban que tienen que pagar una fuerte cantidad por aquel medicamento por el que apenas pagaban; que la cesta de la compra cada vez es más escasa y que a tu alrededor no ves más que despidos y caras de desesperación. Cuando te quieras dar cuenta, tu sueldo apenas llegará para atender más que las necesidades básicas si es que lo conservas...no sabe lo que les espera". Esa entrevista lleva tiempo danzando por mi cabeza y no deja de rebotar cada vez con más fuerza porque todo lo que dijo aquella maestra parecía un claro vaticinio de lo que estamos viviendo ahora en España: la bajada de sueldos, el copago de medicinas, el cierre de comercios, la pérdida de trabajo de amigos y familiares que creíamos sólidamente implantados en sus puestos de trabajo, el despido de empleados públicos. Todo un calco. 
Nuestros inútiles políticos nos tranquilizan, pero sabemos que se trata de una mentira más de las muchas que se inventan a diario para sobrevivir a sus altos privilegios, para escapar de la quema. Pero para colmo en España, las cosas pueden ser aún peores que en Grecia porque contamos con actores y elementos que se convierten en un problema añadido: contamos con unas autonomías que se comportan como mini Estados y gastan sin control, contamos con un sistema bancario con un valor real ficticio por mor de la fiebre del ladrillo y que de caer el desastre financiero sería casi apocalíptico ya que de este sistema penden muchas familias que tienen en él sus ahorros o inversiones, muchas empresas que se sostienen aún por sus créditos e, incluso, lo que es peor, la alta deuda que arrastran con él todas las administraciones públicas y partidos políticos (y de ahí la alta inyección de dinero público, a pesar de la falta de liquidez); contamos, además, con una de las deudas públicas más alta de la zona euro (en las estadística aparecen países con más deuda global que la nuestra, pero su deuda verdaderamente pública es menor o bien pagan intereses menores por ella) y lo que es peor, contamos con una clase dirigente que está dando claras muestras de no querer renunciar a sus privilegios y prebendas, hasta el punto que vamos camino de la degradación política acaecida en Italia y Grecia. En ese sentido, el periódico El Mundo publica hoy que los Alcaldes prefieren arreglar sus cuentas municipales subiendo impuestos y tasas antes que recortar en altos cargos y asesores ¿No es esa una clara muestra de no querer renunciar a sus privilegios? Otro escandaloso ejemplo es el del Congreso de los Diputados que lejos de eliminar prebendas de sus señorías acaba de pagar una factura de más de medio millón de euros para limpiar las alfombras de su palacio demostrando estar muy lejos de la realidad de este país, a pesar de que son nuestros legisladores (da miedo pensarlo); o el caso de la Junta de Andalucía, que acaba de anunciar la rebaja del sueldo de casi 250.000 empleados públicos (se calcula que una media de 3.000 € anuales) sin que toquen ni un céntimo de los emolumentos de sus diputados autonómicos. Es más, Izquierda Unida suspira por elevar el número de diputados autonómicos sin que exista una rebaja proporcional de sueldos y dietas ¿Más aborregados diputados autonómicos? ¿Para qué? 
El objeto de este despilfarro de todos los gobiernos de nuestro país no es otro que mantenerse a flote y salvar sus privilegios a sabiendas que el resto de la sociedad se hunde. En realidad, se sienten superiores y en su arrogancia están convencidos que son unos elegidos.
En ese sentido, los síntomas son evidentes y no es nada nuevo. Cuando un país penetra en una crisis estructural, siempre quedan a flote dos sectores: el sector dirigente y el gran capital. Los primeros, acentúan su protección con normas protectoras; los segundos, por razones obvias no perciben la crisis porque gozan de unos privilegios derivados de su propio capital y están al margen del sistema productivo y fiscal del país gracias a los paraísos fiscales y la proyección internacional de sus fortunas. Por tanto, siempre es la clase media la que acaba pagando la crisis porque se trata de la más numerosa y la más controlada fiscalmente a través de su sueldo y sus escasos beneficios empresariales o comerciales. Es lo que está ocurriendo ahora en España; o mejor dicho, lo que está comenzando a ocurrir, algo que ya se está empezando a hacer evidente con la brutal bajada de sueldo de empleados públicos y algunos despidos (en el asunto de los despidos, dedicaré otra entrada a analizar el cómo y el por qué se intenta confundir empleados contratados por las administraciones públicas con empleados públicos que acceden a su puesto de trabajo de acuerdo con las garantías constitucionales). Los síntomas son cada vez más parecidos a los que ya sufren los ciudadanos griegos y los ciudadanos portugueses. Esta escalada no ha hecho más que empezar y de ahí que las palabras de la maestra griega cada vez golpeen con más intensidad en mi cabeza porque el verdadero problema de España es que no encuentra ya liquidez en los mercados y la que encuentra la ha de pagar con unos intereses descomunales. Una bola de nieve que acabará aplastándonos. Y como no hay de donde sacar más liquidez, la única vía son los recortes que ahoga el crecimiento y posibilitan más y más drásticos recortes. Ese es el drama que ya tenemos encima de nuestra cabeza por muchas milongas y mentiras que nos cuenten a diario nuestros políticos y sus paniaguados medios de comunicación de masas.    


José Antonio Flores Vera

3 comentarios:

  1. Una situación alarmante¡¡¡¡y qué impotencia.
    ¿es que no hay nada que se pueda hacer???
    Estamos rodeados de Gobierno de alimañas y sanguijuelas, viviendo todos a costa de los que más nos cuesta llegar a fin de mes.
    De verdad que desilusión, esto parece no tener fin....qué vendrá en unos meses, años....
    Tu artículo es muy bueno, es impactante, el resultado desolador.
    Un saludo

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  2. Desilusión, descontento general, impotencia... qué difícil. Qué vulnerable somos y qué impotentes estamos ante el monstruo político que nos azota ahora...
    Como medida de escapismo, te informo que ya tengo un propio blog donde plasmar mis sensaciones, ya no usaré más el de las Verdes, es el siguiente: www.myneedtorun.blogspot.com

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  3. Saludos María Dolores. Es muy alarmante. He escrito el artículo muy crudo, lo sé, pero me temo que muchas cosas se van a ir cumpliendo. Al tiempo.
    Gracias por tus palabras y tus visitas.
    Saludos.

    Javi, ya dijo nuestro amigo Jesús, que eras carne de blog. Me alegro. Voy a verlo.

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Sin tu comentario, todo esto tiene mucho menos sentido. Es cómo escribir en el desierto.

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